Reflexión: Un don excepcional

SPOILER ALERT: Si no has visto Un don excepcional y no quieres saber de que trata antes de verla no leas este post.

Frank (Chris Evans) se hace cargo de su sobrina de 7 años Mary (Mckeena Grace), hija de una destacada matemática que se suicidó. Más tarde sabremos que la muerte de la madre de la niña se debió a la presión que la abuela Evelyn (Lindsay Duncan) ejerció en ella.

Antes de entrar en materia tengo que aclarar que las habilidades de la niña de esta película están exageradas, en efecto hay niños con habilidades para las matemáticas, pero hasta ahora no hay niños que lleven matemáticas tan avanzadas a la edad de 7 años, sí se han dado casos de niños que adquieren esta habilidad pero casi cerca de los 12 años y son muy pocos en el mundo.

Pareciera que la película se trata del don que puede tener Mary pero no es así, es mucho más que eso. Frank se enfrenta al reto de hacer lo mejor para la niña, él ya había vivido lo que pasó su hermana y al reencontrarse con Evelyn le preocupa tener que confrontarse a qué es lo mejor para la niña y su educación.

Desde casi el primer día de clases le ofrecen que ella asista a un colegio de niños dotados en el cual ella podrá aprovechar al máximo de sus capacidades y aprender mucho más, sin embargo su tío lo rechaza y por lo cual la directora del colegio contacta a la abuela de la niña.

Considero que lo adecuado en la vida de estos niños es encontrar un equilibrio, no podemos suprimir sus talentos, tampoco podemos dejar que sean como unas máquinas. Frank se preocupa de que Mary termine como su mamá, que no enfrasque en un sólo objetivo y que su vida no sea más que eso, que no disfrute de su niñez.

Por otro lado está Evelyn, la abuela que no logró concretar su carrera, que presionó a su hija hasta el suicidio para que consiguiera descifrar una teoría y que decide hacerse partícipe de la vida de la niña más tarde para sacar su talento.

Los que somos padres de niños con estas capacidades seguro nos hemos encontrado con esta decisión en nuestras vidas, qué tanto necesitan para impulsar su don o adquirir habilidades sociales y disfrutar de la vida. Quizá a algunos padres les sorprenda que en ocasiones les tengamos que pedir tal y como Frank hace con Mary, que paren de leer, estudiar, investigar o enfrascarse en algo que les causa profundo interés para que salgan, jueguen y se diviertan.

Estamos envueltos en esta disyuntiva constante de elegir qué es lo mejor para nuestros hijos, que nuestros niños aprovechen y alcancen el máximo de su don, pero también queremos que sean felices que sean plenos, pero nuestras decisiones sobre ellos no tienen garantía.

No sabemos si lo que hacemos por ellos les va a garantizará éxito o felicidad y siempre tratamos de hacer lo que consideramos es lo mejor para ellos aunque estemos equivocados. Esa es la importancia de esta película, la dualidad de los personajes tan opuestos en sus decisiones, Evelyn y Frank representan las dudas a las que nos enfrentamos los papás a diario y por las cuales tenemos que debatirnos constantemente.

Estudié Letras Iberoamericanas y soy mamá de Santiago. Desde la Ciudad de México, comparto mis experiencias, consejos y preocupaciones en Anidando en Casa.

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